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¿Cómo orar frente a la crisis?

En realidad no me atrevería a establecer una fórmula o paradigma para orar frente a la crisis. Pero sí me siento seguro de explicarles cómo he orado frente a situaciones adversas. Necesito advertirles que sean cuidadosos con aquello de “seguir fórmulas para orar”, pues no las hay. Contamos con el testimonio invaluable de Jesús y las referencias sobre su vida de oración que la Biblia recoge. Por ejemplo, Mateo 6:5-14, es una guía en la que Jesús enseña a toda la humanidad para que tomemos en cuenta en nuestra búsqueda personal de la presencia del Padre.

Es de vital importancia resaltar que en la relación íntima de oración con Dios nos estamos acercando a nuestro Papá: el mejor de todos. Y que Él está feliz de escucharnos, de hablarnos y de compartir su presencia en silencio con quienes vamos a Él.

Usemos como referencia las palabras de Jesús: "Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá" (Mateo 7:7). Esta invitación del mismo Señor fortalece profundamente mi confianza para darle a conocer a Él lo que está en mi corazón, lo que arde en mi espíritu, lo que me angustia, lo que me molesta, pedirle lo que creo necesitar, lamentarme por lo que no he alcanzado o he perdido buscando su consuelo, buscar las respuestas que me desespera no tener aún, invitarlo a mi corazón para que lo siga transformando, pedir la provisión que anhelo para mi familia, interceder por aquellos a quienes amo y por aquellos a quienes no amo ni un poco…

Personalmente, lo que más me emociona y apasiona al tratar este tema es que estoy seguro, absolutamente seguro, de que en la medida que venimos ante el Padre para buscarle y pedirle, su Espíritu Santo nos hablará, redargüirá, guiará, ministrará, consolará, responderá y abrazará según cada necesidad particular y específica. Es más, es una promesa: "Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre." (Mateo 7:8).

No hay para mí un testimonio de oración en momentos de crisis más impactante que este: "Padre, si quieres, no me hagas beber este trago amargo; pero no se cumpla mi voluntad sino la tuya", (Lucas 22:42). ¡Esto es increíble!, pues aquí Jesús está a punto de iniciar todo el tortuoso viaje que lo llevaría hasta la crucifixión para llevar la carga de los pecados de la humanidad. Sin embargo, su petición al Padre no es un grito de rebeldía, sino una angustiosa petición de ayuda y, al mismo tiempo, la demostración de total confianza y reconocimiento en que la decisión del Padre respecto a esa petición será la correcta, aunque no sea la que genere menos sufrimiento.

Para el momento en el cual estoy escribiendo este post mi preciosa hija Sara está muy cerca de cumplir su primer año. Su vida ha sido un regalo hermoso de Dios para mi familia. Durante el embarazo me di cuenta de lo muy poco que podía hacer para que se formara de manera sana. Podía esforzarme mucho en conseguir todo lo necesario materialmente para su nacimiento, pero yo no podía formar su cerebro o su sistema nervioso para que los exámenes de chequeo arrojaran buenas noticias. Fue en medio de esa sensación de frustración e incapacidad, expuesta en oración al Padre, cuando pude entender que mi única y mejor opción era confiarle la vida de mi hija. Solo cuando lo entendí y oré desde esta nueva perspectiva pude tener paz.

Confiemos en la respuesta de nuestro Padre, pues no hay crisis que sea más poderosa que la paz de su presencia. No hay crisis más grande que su poder. Sobre todo les animo a que recordemos esto para avivar nuestra fe y nuestras vidas de oración: "Pues si ustedes aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en el cielo dará cosas buenas a los que le pidan!" (Mateo 7:11).

Nestor Blanco.
Pastor
Caracas, Venezuela
04, Mayo, 2020