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No le hablo a hombres sino a Dios

“Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende, aunque por el Espíritu habla misterios.” 1 Corintios 14:2

¡Hola a todos! Soy Daniela Guardia. Quiero hablarles sobre una de las experiencias más bonitas que he tenido con el don de lenguas. Creo fielmente que los dones del espíritu están vigentes hoy en día y que tenemos toda la autoridad, dada por Dios, para hacer uso de ellos y experimentar las más grandes profundidades en el espíritu.

En particular, he podido tener experiencias hermosas a través del don de lenguas. Y es que amo cantar y adorar de esta manera, pues siento que es precisamente mi espíritu el que de una forma muy libre habla directamente a Dios y se expresa con facilidad.

Ahora bien, hablando precisamente del uso de los dones en momentos de crisis, he podido vivir una experiencia única con el don de lenguas en mis “momentos de mamá”. Es precisamente de lo que quiero hablarles en este blog.

Soy madre de una hermosa niña de 2 años. Su nombre es Camila. Camila, al igual que todo niño pequeño, tiene sus momentos de altos y bajos emocionales. Por ejemplo, cuando “llora sin razón aparente”. Para toda madre estos momentos con los hijos son intensos, pues es necesario conservar la calma, tener mucha paciencia y amor para poder atenderlos de la mejor forma. Es importante escucharlos, ayudarlos, corregirlos, todo de acuerdo con la situación que se presente. Sin embargo, hay unos momentos donde simplemente lloran, lloran y lo que necesitan es un abrazo de mamá y drenar su llanto, ya sea porque tienen sueño, o se acaban de levantar totalmente contrariados... Es justo en esos momentos de Camila donde tanto ella como yo necesitamos descansar en Dios y no pensar en nada más sino en el reposo que tenemos en Él.

Cuando mi hija comienza a llorar de esta manera, la tomo en mis brazos. La acuesto sobre mi pecho y comienzo a orar a Dios: le alabo, le declaro mi amor, mi entrega y enfoco mi mente y pensamientos solo en Él. Comienzo a cantar una melodía de forma espontánea y dejo fluir las lenguas que el espíritu me da. Cierro mis ojos mientras acaricio la espalda de Cami y camino suavemente alrededor del lugar donde me encuentro. En ese momento mi espíritu adora a Dios, solo pienso en Él y dejo que sea Él mismo quien ministre mi corazón y traiga sobre nosotras su paz.

Lo hermoso de estos momentos es cuando puedo escuchar el silencio en mi hija. El llanto cesa. Siento su quietud. Estoy convencida de que no solamente yo soy ministrada por el Espíritu de Dios, pues ella también lo es. Ambas podemos experimentar paz y descanso únicos, en virtud de que vienen directamente de Dios. Ya no pensamos en nada más. En esos momentos nuestro deleite es Jesús y Él nos abraza.

Amo poder vivir esta experiencia junto a mi hija y saber que, con cada palabra que oye de mi boca y cada acto que observa de mi mientras adoro al Señor, ella está conociendo más de cerca a ese Jesús de quien su papá y yo le hablamos cada día. De esta forma, ella podrá animarse a vivirlo en su intimidad a medida que vaya creciendo.

Es para mí un honor y un placer poder compartir con ustedes esta experiencia tan hermosa y tan íntima que he tenido como mamá. Sobre todo como hija de Dios. Espero les sea de mucha bendición. También espero poder aprender de ustedes sus experiencias.

Edifiquémonos unos a otros en amor, en Jesús.

Daniela Guardia
Intercesora
Caracas, Venezuela
17, Junio, 2020