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¿Cómo debemos orar?

Los tiempos de crisis son un excelente momento para acercarnos más a Dios. Las pruebas y las tribulaciones nos hacen crecer siempre y cuando decidimos buscar las respuestas y la solución a nuestros problemas en Dios. La oración es la manera en que nos aproximamos a Él. No hay otra mejor forma que apartando un tiempo con Él y para Él.

Antes de orar nos encontramos con las preguntas: ¿cómo orar?, ¿qué decimos?, ¿dónde lo hacemos? … En el evangelio de Mateo tenemos acceso a uno de los discursos más importantes que nos dejó Jesús: “el Sermón del Monte”. Allí encontraremos una profunda riqueza de lo que Él espera de nosotros como sus discípulos. Y en el tema de la oración no solo nos responde ¿cómo debemos orar? También nos enseña cómo no debemos hacerlo. (Mateo 6:5-15)

Echemos un vistazo a la forma inapropiada de orar:

Jesús nos da dos ejemplos sobre los judíos y los gentiles. Si los trasladamos a nuestro contexto nos está diciendo que no nos fijemos en cómo oran nuestros líderes en la iglesia ni tampoco cómo lo hace la gente del mundo

Los judíos ponían un especial énfasis en dos aspectos: el lugar y la posición corporal. Les encantaba orar en las sinagogas y en las esquinas de las calles. Amaban orar de pie ¡Error!: tenían un deseo de brillar y ser vistos. (Mt. 6:5)

Por su parte, cuando los gentiles oraban expresaban sus ideas y filosofías. Usaban muchas palabras, aunque carecían de sentido y no podían entender que jamás podrían impresionar. Menos aún ganar el favor de Dios de esa manera. En este caso el error se manifestaba en el deseo de ser escuchados. (Mt. 6:7)

Veamos cómo debemos orar:

1. En secreto. Jesús nos da un consejo importantísimo. No hay mejor lugar para acercarnos a Él que en el lugar secreto, en un lugar de intimidad donde podemos estar a solas. (Mt. 6:6)

Dios todo lo sabe y Dios todo lo ve: si queremos ser vistos y escuchados esa será nuestra recompensa. Pero si nuestro deseo es tener comunión con Él entonces nuestra recompensa vendrá directamente de nuestro Padre que está en los cielos y todo lo que viene de Él es bueno.

2. Un modelo. El “Padre Nuestro” es la oración modelo. Así, Jesús nos dejó un ejemplo de cómo debemos estructurar nuestra oración. De manera tal que es mucho lo que podemos aprender con esta oración. Pero en especial, según este modelo, debe girar en torno a tres aspectos: invocación, peticiones en relación a Dios y peticiones personales. (Mt. 6:9-13)

Así:

Padre: nos habla de cercanía, de acercarnos a Él con confianza.
Nuestro: refiere hermandad. Debemos estar conscientes de que tenemos hermanos.
En los cielos: alude a nuestra ciudadanía: es celestial.

Santificado sea tu nombre: Respeto por el nombre de Dios. El nombre de Dios no puede ser usado en vano.

Venga tu reino y hágase tu voluntad:Intercesión. Es un clamor que debe arder en nuestro corazón: que su reino sea establecido y se cumplan todas sus promesas.

El pan de cada día: Su provisión. Nunca olvidemos “el maná” que cae del cielo todos los días.
El perdón: si estamos en deuda con Dios y con los demás tenemos que revisarlo cada vez que nos presentemos en oración.
La tentación y el maligno:Cuando decidimos acercarnos a Él debemos estar conscientes de que vendrá tentación y que existe un enemigo que hará todo lo posible para que fallemos.

Por último, Jesús nos lleva aún más profundo en el tema del perdón (Mt. 6:14-15) exhortándonos a perdonar las ofensas que recibimos, pues de lo contrario no recibiremos el perdón del Padre ¡Y qué mejor descanso que el del perdón! Sentirnos perdonados, aunque no lo merezcamos, nos hace vivir en paz.

Sumerjámonos en la oración y encontraremos seguridad, paz y la dirección para superar cualquier dificultad por la que estemos atravesando.

Adrián Guardia.
Intercesor
Caracas, Venezuela
11, Mayo, 2020